Una asociación funcional: la relación entre la junta directiva y la gerencia.

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En cooperativas, condominios y asociaciones de propietarios, la administración de propiedades desempeña un papel mucho más colaborativo que en los edificios de alquiler tradicionales. Si bien los propietarios o sus asociados suelen administrar los alquileres directamente, las comunidades regidas por juntas directivas de voluntarios dependen de los administradores para suplir las carencias en la gestión y encargarse de las operaciones diarias. Los administradores forman parte del sistema de apoyo de confianza de la comunidad, ayudando a las juntas directivas a mantener los estándares de vida, garantizar la responsabilidad fiscal y llevar a cabo las iniciativas comunitarias.

“Las juntas directivas, compuestas por voluntarios elegidos por los miembros de la asociación o los accionistas de la corporación, tienen la responsabilidad directa ante los propietarios o accionistas de la propiedad de proteger la comunidad y sus instalaciones”, afirma Jaime Sikorski, vicepresidente sénior de administración de AKAM, una empresa de administración de propiedades con oficinas en Nueva York y Florida. “A su vez, contratan a un administrador de propiedades para que se encargue de las operaciones diarias de la asociación. Es responsabilidad de la administración apoyar a la junta directiva en sus esfuerzos por mejorar la calidad de vida de los residentes, mantener la responsabilidad fiscal y ejecutar los proyectos e iniciativas emprendidos por la junta en beneficio de la comunidad”.”

La colaboración entre la junta directiva y la administración requiere confianza, comunicación y responsabilidades claramente definidas. Los miembros de la junta toman decisiones, establecen prioridades y supervisan los proyectos principales, mientras que los administradores se encargan del mantenimiento, la administración, las tareas financieras, la coordinación con proveedores y el cumplimiento de los estatutos y reglamentos vigentes. Si bien el tamaño de una propiedad puede generar diferencias operativas, la necesidad de colaboración entre la junta directiva y la administración sigue siendo la misma para garantizar que se satisfagan las necesidades específicas de la comunidad.

“En definitiva, esta colaboración cohesionada da como resultado que los residentes se beneficien de una comunidad bien gestionada y que se proteja el valor de las inversiones individuales de los propietarios’, explica Sikorski. 

Dado que cada propiedad es única, los administradores suelen adaptar su enfoque en lugar de basarse en estándares rígidos. Deben adaptarse a las necesidades cambiantes de la comunidad, a las expectativas en constante evolución y a los cambios generales del sector, asumiendo con frecuencia funciones ampliadas que requieren versatilidad y conocimientos especializados. En definitiva, el administrador actúa como asesor y socio, equilibrando las directrices del consejo con la responsabilidad ante la comunidad de propietarios. Cuando el consejo y los administradores trabajan en armonía, el resultado es una comunidad bien gestionada que protege el valor de las propiedades y beneficia a los residentes.

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